Alejandro Bresler es sólo un empleado del templo del conocimiento. Si tiene quejas, presente una nota por triplicado en la central y espere lo que haiga que esperar.

jueves, 14 de octubre de 2010

Al público en general - Mario Heler como me sale

El tiempo, dicen, cura todo. Es mentira.

Hace un rato largo que no publico nada. Esperé inútilmente que dejar pasar unas semanas me hiciera más fácil la tarea de escribir algo sobre Mario, a quien le debo una despedida (no le debo nada ya, en realidad, lamentablemente, porque ni siquiera me está permitido sufrir un reclamo; la muerte es precisamente esa falta irreparable de todo). Digo, de todos modos, que hay deuda. Me hace sentir estúpidamente esperanzado en que un par de ojos saltones agradecen lo que hago desde algún resquicio de vaya a saber dónde.

Escribo hoy porque se cumple un año de una estupidez. Un aniversario nimio, insignificante. Sin embargo, la fecha me lo plantó a Mario de cuerpo entero frente al escritorio desde el que estoy escribiendo.

Estaba repasando unas clases viejas, anotadas en mi cuaderno. Mario se mofaba siempre de mi cuaderno, probablemente el único territorio en el cual mis obsesiones superaban a las suyas.  El día 14 de octubre de 2009 hay un textito que dice así: "Mario - 14/10/09 VER 30/03 (p.35)" (mi cuaderno está numerado; a Mario le causaba gracia). Fui a ver qué había el treinta de marzo, obviamente.

El 14 de octubre del año psado me junté con Mario para hablar de mi vida académica. Él insistía con que me pusiera a laburar, como siempre. Yo insistía con que mejor no. Ese día hablamos del proyecto UBACyT y me recordó que a principios de ese año habíamos quedado en algo que, como de costumbre, yo no había cumplido. Y tuvimos una conversación que reviví. El 30 de marzo, Mario había agarrado mi cuaderno y había empezado a hacer ahí un esquema de cuál era el trabajo que quería que hiciera en el proyecto. Mi tema era la educación. El esquema era, como todos los esquemas y cuadros de Mario, incomprensible. Yo le observé, precisamente, que si esperaba que yo cumpliera con lo que me pedía tenía que empezar a dejar de escribirme esos jeroglíficos indescifrables, que ya bastante me complicaban la vida cuando daba clases y tenía que explicar sus cuadritos (algo que ya, por mi salud, no intento). Y acá viene lo que me movió a escribir.

Mario me preguntó, cuando le hablé de sus cuadritos, lo siguiente: "¿Qué les estás diciendo a tus alumnos de mí, subversivo?" (Es muy difícil para quien no haya conocido a Mario imagináselo diciendo eso; lo siento, pero no lo puedo solucionar). Ya una vez, viajando en auto, yo le había comentado que me daba mucho resultado ponerme criticón con el libro. Él se reía (¿alguien conoce algún titular de cátedra que se ría cuando un ayudante le dice que le critica los textos en clase?). Le dije que empezaba haciendo chistes con sus cuadros y sus esquemas, que le destrozaba a ese Kuhn malvado que había inventado y le criticaba a Bourdieu. Después venía el Capítulo 3 y ahí lo transformaba de nuevo en un señor respetable, lo cual se sostenía en el capítulo 4 hasta llegar al 5 que, definitivamente, no me gustaba. Le dije también que ya casi no daba el capítulo 5, salvo para introducir dos o tres conceptos que me parecían importantes. Pero el resto estaba sometido a crítica en las clases. Yo le contaba todo esto y él sonreía y cada tanto hacía un gesto de escándalo, abriendo los ojos como huevos.

¿Por qué cuento todo esto?

Hoy descubrí que esa sonrisa ante mis confesiones es lo que no me puedo sacar de la cabeza cuando lo recuerdo. Mario se reía mucho; pero lo que me duele no es tanto recordar esa alegría sino más bien sus motivos: a Mario le alegraba la vida el pensamiento. Y créanme que esto que escribo no tiene por finalidad dejar establecido que pienso. No tiene nada que ver conmigo, más que por la anécdota que traigo a la luz. Tiene que ver con que a Mario los escalafones le importaban tanto como la práctica museística del desciframiento de esencias en los textos: nada. Le importaba charlar, pelearse, discutir. Pensar. Y si algo voy a llorar mucho tiempo de su ausencia es que años de academia no me han dado la oportunidad de conocer a otro ser humano con semejante generosidad. Yo me sentía, con Mario y gracias a esa risa desencajada y hermosa que tenía, mucho más importante. Yo era mejor cuando él estaba vivo, porque él me hacía sentir mejor. Créanme, amigos, que en la vida académica no sobra gente así. Es más: no sé si hay gente así, además de Mario.

Podría haberlo recordado como un gran pensador, como un intelectual profundo, como un verdadero transgresor (qué palabra bastardeada y difícil de usar, pero que le cabe demasiado bien). Era todo eso. También era un gran docente y, sobre todo, un maestro. Era un filósofo, lo cual ya es muchísimo. Pero lo recuerdo como alguien que hacía mejores a las personas que tocaba. Alguien que me hizo mejor a mí.

Se lo agradezco profundamente y, como si me escuchara, le digo que voy a hacer lo imposible para estar a la altura de lo que pensaba que yo podía ser.

Te mando un abrazo, Mariete.

16 comentarios:

La Memoria de las Cucharas. dijo...

Lo que usted cuenta me apena y me da muchas ganas de hacer silencio.

Repóngase, Profe, que necesitamos de su compromiso para hacernos llegar al muchachito del cual nos habla.

Un abrazo.

Alicia.

Alejandro Bresler dijo...

Gracias, Alicia. Me repongo cada vez que doy clase. Lo exorcizo un poco y se aquieta. Después vuelve, pero no siempre destructivamente. Es cíclico.

A propósito. Entré en tu blog porque al parecer había una entrada nueva y no hay... ¿O sí hay? ¿Eh? ¿Eh?

Un beso

La Memoria de las Cucharas. dijo...

No, en verdad no hay una entrada. Estaba agregando páginas y "se agregó" una entrada, pero ya lo solucioné.
Están por ahí... a la derecha.


Entre nomás.


Saludos!

Alejandro Bresler dijo...

Ya entré. Hermoso, como siempre.

A todos. No dejen de entrar en el blog de Alicia. Hace unas fotos que son increíbles. Después pregútenle cómo las hace. A mi me cuesta creer, vean.

Adrián S. dijo...

Profesor, su última encuesta sobre el servicio cívico voluntario me recuerda a las reflexiones que como vecino ilustre de Caballito vengo haciendo en mi espacio de lucha contra la marea negra de moluscos populistas que asola a nuestra querida Patria. Saludos.

Alejandro Bresler dijo...

"moluscos populistas" me gustó. Se imprime.

miguel dijo...

muchas gracias

Alejandro Bresler dijo...

De nada, Migue. Te mando un abrazo.

Antonella dijo...

Fuerza Profe! la mejor manera de recordarlo y rendirle homenaje todos los dias es tratando de imitar sus buenas acciones y poner en practica lo que enseño, que es lo que ud hace. Le mando un abrazo...Y Feliz Cumple!!! atrasado, espero que haya pasado un hermoso dia!

Alejandro Bresler dijo...

Inés;

Gracias por tu mensaje. No lo publico pero lo tengo guardado. Lo que decís es muy hermoso y me llena de felicidad que lo pienses. Gracias otra vez.

Antonella;

Mil Gracias. No es fácil consolarse (no se puede, en realidad); pero ayuda escuchar (o leer) cosas lindas. Te mando un beso.

La Memoria de las Cucharas. dijo...

Profe,

Aunque me haya puesto roja como un tomate ayer (el pánico escénico, vió?), me resulta muy simpático que quiera que conozcan mi trabajo.

Por otro lado, y con respecto a la cursada: ¿recuerda que cuando llegó la lista provisoria dijo que los que no estaban en ella iban a figurar en la lista definitiva?
Mi pregunta es ¿alguna vez llegó dicha lista?, Yo no estaba en la primera...

Por último, espero que se sienta mejor (dentro del vai-ven inevitable).
Siga exorcizando.


Saludos.

Alicia.

Alejandro Bresler dijo...

Alicia;

ayer estuve mirando tu blog con mi mujer. Te juro que estamos fascinados. Te voy a pedir algunas autorizaciones en las poróximas clases (haceme acordar, por favor).

Repito a los demás que si aun no entraron en el blog de Alicia se están perdiendo algo sensacional.

Tu nombre NO figura en mi listado definitivo. Venite el jueves a eso de las 20 55 (cinco minutos antes de empezar), para ver qué hacemos (de todos modos quedate tranquila que el cuatrimestre no lo vas a perder).

Tamara;

muchas gracias por todo lo que me decís. Te mando un beso enorme.

Saludos a todos

La Memoria de las Cucharas. dijo...

Su trabajo de publicista dio sus frutos. Ya tenemos uno más adentro de la secta.
Somos siete:

1-Mi madre;
2-Mi amiga de toda la vida;
3-La madre de mi amiga de toda la vida;
4-Usted;
5-Su mujer;
6-Mi pareja;
7-Yo (me incluyo para que parezcamos más).

Hablando en serio, me alegra llegar a algún lugar, y no me refiero a que alguien más vea lo que hago, sino a mover emociones, entusiasmos, y que se yo que más, en otros. Como diría Minor White, que alguien complete mi obra con su mirada.

En fin, el jueves llego temprano .
Gracias.

Alicia

musidora dijo...

Que te puedo decir, Ale

Brindo por los encuentros con personas como Mario Heller, que nos partan el corazón, que nos abran la cabeza

A la muerte hay que aceptarla con dolor, no queda otra

un beso a todis y que tengan buena cursada

Alejandro Bresler dijo...

Gracias, Paula.

Un beso

Sole dijo...

Uff buscando biografia de Mario Heler y Marì (actividad que pidiò profesora de Filosofia para profesorado de Historia) me topè con esto... realmente me emocionè, podìa imaginar toda la secuencia que va relatando. UNa pena que se haya ido tan pronto. Envidia sana que ud lo haya podido disfrutar. Nos queda el legado, sus textos a nosotrxs.

Aun no encuentro una biografia de Heler para enrtegar a la profesora.- Sabe algun link? gracias.

abrazo. Soledad.